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Cuando sea Seronda…

Bienvenido al Hotel California

«Uff, ya está. Dejo la última caja junto a las demás y cierro la puerta. Me siento en el suelo y con un cúter rasgo la cinta aislante. Ahí está, el primero del montón: Hotel California de los Eagles». Seguir leyendo “Bienvenido al Hotel California”

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Mi amiga efervescente

Me he quedado un momento sola en la terraza, mientras ella pide otro par de cafés, el suyo, más largo. Me pregunto entonces qué pensará de nosotras el hombre que está sentado en la mesa de al lado y que nos observa desde que llegamos. Probablemente crea que somos madre e hija o quizás tía y sobrina, pero seguro que no se imagina que somos amigas, con 33 años de diferencia. Seguir leyendo “Mi amiga efervescente”

Si las maletas hablaran

Ay, si las maletas hablaran de todas las decisiones, puntos aparte y finales de las que son cómplices. Seguir leyendo “Si las maletas hablaran”

El garaje. Tercera parte (3/3)

«Por supuesto que no tenía reloj y mi noción del tiempo estaba enormemente alterada, pero me parecía que Amina estaba tardando demasiado. Pensando que Saif quizás la hubiera descubierto tratando de venir al garaje, me puse en lo peor. Todo me daba vueltas y miles de imágenes terribles comenzaron a abordarme. De pronto, escuché ladridos».  Continúa en Amanece Metrópolis.

El garaje. Segunda parte

«—Tiene que haber algún modo de escapar, Amina.

—Lo he estado pensando— lo dijo mientras liberaba mis manos de las cuerdas.»

Seguir leyendo “El garaje. Segunda parte”

La belleza

Su pelo era la mar embravecida.
Encontrarte con su mirada, igual que contemplar la nieve caer y cubrir los tejados una mañana de invierno. Seguir leyendo “La belleza”

Tres amigas, tres lecciones

1. La más loca de todas, pura adrenalina, capaz de contarte siete historias a la vez, cuando se levanta triste, se pinta los labios de rojo. Primera lección: días grises, labios rojos. Seguir leyendo “Tres amigas, tres lecciones”

El garaje. Primera parte

«Cuando oí que el portón volvía a cerrarse, entonces sí, grité hasta que sentí como si mis cuerdas vocales fueran a desgarrarse». Seguir leyendo “El garaje. Primera parte”

Una copa de vino y una historia sin purpurina

«Y hoy, que es viernes y acabo de llegar a casa arrastrando los pies, después de soltar liberada el bolso en el sofá, saludar a Miko, que me ha respondido con un lametazo en toda la cara, y servirme una copa de vino, me ha dado por pensar que tampoco fue para tanto». La historia continúa en Amanece Metrópolis.

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